¿De qué hablamos cuando decimos dialogar?

Escuchamos a la dirigencia política de gobiernos anteriores y actuales expresar en sus discursos la palabra diálogo. Mencionarla, invocarla, exhibirla es simple, el tema es practicarla y cómo en esa práctica se construye.
Para que haya diálogo tiene que haber predisposición y entender que escuchando al otro nos enriquecemos, nos hace más comprensibles. Si a nuestra idea le sumamos la idea del otro, va a surgir algo superador.
El problema es que en estos tiempos “dialogamos” solo para que el otro sepa lo que pensamos. No escuchamos, no entendemos, no cedemos. Ceder y entender en una negociación es trascendente, si vamos a discutir se debe comprender que hay que acercar posiciones y eso es ceder.
Si vamos a dialogar por paritarias y uno va con la idea fija de proponer un 20% y el otro quiere un 30% y ninguno quiere ceder en nada, nada se logrará. Si no se está dispuesto a ceder, no siempre sirve el diálogo, es como querer comprar un auto de $200.000 por $150.000, seguro que el negocio no se va a hacer.
En nuestro país vivimos hablando de diálogo y en realidad se está ensuciando esa palabra, manchándola. Con diálogo se liberaron pueblos, se salvaron vidas, se evitaron muertes, se crearon amores. No se puede banalizar esa palabra. Y si alguien que ocupa la representación de los trabajadores en un sindicato o de un país en un gobierno no está dispuesto a ceder en nada, no vamos a tener una sociedad mejor, solo se va a edificar odio, confrontación y desprecio.
La clase dirigencial política, sindical, judicial e institucional debe entender el todo de la palabra diálogo y mirar al otro como alguien que nos completa y nos mejora, no como un enemigo al que debo imponerle lo que pienso.

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