Primero Atardece y después… Rocanrol

 

por Manuel A. Denis

Al enterarme de que el escritor sancarlino Darío Martínez estaba a punto de publicar su segundo libro, no quería dejar escapar la oportunidad de conversar con él y dar a conocer algunas cuestiones y curiosidades acerca de su obra.

Tras la publicación de “Atardece en Okinawa” (2014) el poeta presentó recientemente su segundo material titulado “Rocanrol”. Esta entrevista nos acerca un poco más al autor, desde sus gustos e influencias literarias, hasta su manera de escribir y pensar la escritura.

¿Cuándo y dónde nació el hábito de escribir?

Desde siempre… no sé, no tengo recuerdo alguno del momento exacto.

No se sabe… Bueno, y empezar a soltar lo que uno escribe, lo que vos escribís, ¿fue fácil?

Como le pasa a cualquiera. Te tenés que decidir, tenés que tomar decisiones… son procesos de aprendizaje, tenés que venirte grande. Porque de pibe podés ser más caradura ehh, pero… con el tiempo cuando sos más grande, sos un poco más consciente de lo que estás haciendo…

Pero en un principio era algo muy propio, ¿no?

Claro, si, si… pero por eso mismo, por no haberlo largado de pendejo cuando uno es más caradura, lo largás de grande ya con otra conciencia y… cuesta más, digamos.

Y también más seguro de lo que uno quiere decir…

Claro, también, un poco… no creas que tanto eh… no existe esa seguridad, en nada de lo que tiene que ver con estas cosas existe esa seguridad, pero… si, tiene que ver con hacerse grande, aprender a hacerse grande.

¿Tenés alguna influencia directa?

Todas… desde las letras de Pink Floyd, hasta letras de Los Redondos, hasta Reynaldo Sietecase, Borges y… los guiones de Tarantino.

Desde una película hasta una canción…

Todo, todo, lo que se pueda absorber como información. Después capaz que… no sé… una zamba que se yo, una chacarera de las que canta mi hermano… todo suma.

Al momento de escribir, ¿pensás en imágenes que luego describís, o solamente son palabras que vienen de emociones, de situaciones, etc…?

Depende, a veces escribo más como si fuese cine, y a veces escribo más como si fuese con disparadores emocionales, o con disparadores… no sé si emocionales, si no… específicos. Ya sea sociales, emocionales, musicales, no sé… a veces son específicamente ciertas cosas y otras son… si, ideas de imágenes o situaciones…

Situaciones que uno vive también…

Claro, también, si… es que es eso, al final si no es eso estás frito. Si no es lo que uno vive es todo mentira.

¿Y existe un lugar de escritura o cualquier lugar donde haya un  papel y un lápiz te ponés a escribir?

Decía Baldomero Fernández que “el poeta, como el cazador pobre, a lo que salga…” y es ahí, donde sea, como sea, en donde sea… después lo que sí existe es necesidad de trabajo, de sentarte y acomodar, replantear, repensar, y darle estructura, darle forma, darle ritmo… pero la idea en el papelito, siempre.

Osea, si se te ocurre algo enseguida tenés que escribirlo..

Inmediatamente.

No sos de esos que se guardan la idea para luego continuarla…

Capaz que porque tengo los cables un poco quemados viste, o porque uno al disco duro ya lo tiene medio… pero no me puedo guardar porque después me olvido, aparte, entre otras cosas, después me olvido. También como que la idea pierde frescura… pierde eso que tiene cuando sale, que después hay que pulir y trabajar. Pero no… cuando sale sino no.

¿Cómo surgió esto de publicar un libro? Vamos con el primero que se llama “Atardece en Okinawa” y este, el segundo “Rocanrol”…

Si, pero fueron distintos planeamientos. El primero tuvo más que ver con una excesiva acumulación de material… había que hacer algo con eso… o prenderlo fuego, o hacer un libro, o hacer un libro y después prenderlo fuego… que eso hubiese sido todavía mucho más interesante…

Entonces, no es una secuela…

No, no, no… para nada. Incluso la idea es que sea mejor, y que sea peor que el próximo y así… no, no… el primero fue una pura acumulación de material que había que sacar, este tiene que ver ya con una necesidad de seguir construyendo.

Y… ¿hay aportes también no? En cada libro…

Si, si, es que si uno no labura con la gente que quiere no sirve para nada… así que sí… grandes amigos, buena gente… No sé si la categoría grandes amigos se puede cruzar bien con la categoría de buena gente, sobre todo con los míos… pero… si, hay aportes.

¿Qué esperas del que lea el libro?

No, yo espero que lo compren y que lo lean, y nada más. El resto ya no depende de mí… aparte no necesito que hagan algo con eso, la idea también es que cada uno pueda ser llevado, guiado para el lugar que también su propia influencia haga… digamos, no es solo el texto o el poema el que hace, el lector hace junto con el poema, y para cada uno es un camino diferente. No podría ser… no podría pensarse como algo que haga reaccionar a todos por igual… eso no es poesía, digamos, eso puede ser una fórmula de matemática, o… no sé… pero con la música pasa lo mismo, con las canciones pasa lo mismo, la expresión artística no puede provocar en todos lo mismo, porque el espectador juega un rol fundamental, el lector, el oyente, aportan, no solo reciben…

Cada uno lo interpreta de manera distinta, claro…

De la información que vos tengas, de la cantidad de información que vos puedas bajar al momento, la cantidad de “bits” que te ocupe en la cabeza eh, eso lleva a cada uno por un costado diferente…

En el libro podemos encontrar poesías también muy relacionadas a lo que es un pueblo o una ciudad chica, ¿no? ¿Creés que debería haber un género de poesía de pueblo o ciudad chica?

Y… tendría que haber, no sé si hay… pero ¿sabés por qué no sé si hay? Porque creo que al final es universal. Es muy difícil que uno no escriba sobre el lugar en donde vive… qué querés que escriba ¿de Manhattan?… si no conozco Manhattan… ¿de Londres? ¡No lo conozco! Yo lo lamento en el alma, porque no tengo nada contra los buenos londinenses, ni de los… ¿cómo se dice? ¿Manhatteños?… Pero yo tengo que escribir sobre eso, sobre los lugares que veo… mi límite visual me lo da la llanura…

Muy referido a la amistad también ¿no?

También, lo que se vive, porque al final si no es eso… no… no hay chances. Podés ficcionar un montón de cosas que pueden estar buenas y pueden tener un vuelo literario muy interesante, pueden ser incluso excelentes obras, pero hay una verdad que  falta ahí, y es la verdad de la condición humana… la condición humana está dada por el territorio y está dada por las personas… el lugar en donde vivís y la gente con la que vivís, sobre todo… y la información que necesitás  para decodificar esos mensajes que te deja la gente y que te deja el territorio… y bueno… acá ¿qué querés hacer? si pegás una vuelta y estás en el campo… si haces cuatro cuadras y estas al borde de la ciudad… eso… tener el borde cerquita también, es lindo y condiciona estéticamente… estéticamente te lleva a hacer las cosas de una manera. No sería lo mismo si vos mirarías para el sur y verías una montaña, sería otra cosa…

Por ahí si el que lee es un sancarlino, se sentiría mucho más identificado…

Probablemente… y también de cualquier poblado… cualquier comarca o aldea de acá de la región. Yo calculo que mucho tendrá que ver con alguien de Santa Clara… con alguien de… Galvez capaz que no, porque ya es más grande pero… lugares más chicos, lugares donde vos levantás la cabeza y… no ves un edificio, ves un árbol. Ahí hay un dato… y donde hacés un par de cuadras y no tenés un río… tenés campo y llanura, y ves el fondo de lo que te alcance… eso condiciona. Y si, probablemente se pueda sentir más identificación, pero… tiene la posibilidad de hacerse universal, porque se tratan de cosas reales, no de comarcas con hobbits… que está todo bien con las comarcas con hobbits… a lo mejor existen, como Londres, y yo no lo conozco… pero… se trata de cosas reales… que Londres no lo es de hecho… es una mentira de los Beatles…

Bueno… ¿tenés algún agradecimiento que quieras hacer?

Claro que si… a Matias Volken, a Sofia Schmidhalter, y a Mauricio Schlapbach. Cada uno con su pequeño aporte, ya sea desde el trabajo, desde la escritura, del acompañamiento, de la buena onda… nada… desde el aguante también. Sofía hizo el prólogo, Matías hizo el diseño de tapa y Mauricio se ocupó de la logística en el momento en que hubo que ocuparse… una logística que hubiese sido imposible de otra manera… Muchas gracias a vos, por la nota, por el espacio, y por darle bola a esta clase de asuntos.

“Rocanrol” podemos conseguirlo en Distribuidora Centro (Perón 464) y Distribuidora Eli (San Martín 825) de la ciudad de San Carlos Centro.

 

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