El impacto de las pantallas en la salud: un problema que no podemos ignorar

Por Delfina Godano.

Medica. Especialista en Medicina Clínica.

Imaginemos que nos dormimos profundamente el 28 de junio de 2007, la víspera del lanzamiento del primer iPhone —ese pequeño dispositivo que transformó para siempre nuestra relación con la tecnología—. Como en un cuento, despertamos diez años después. El mundo físico sigue más o menos igual, pero algo ha cambiado: la gente hace cosas extrañas (Tobias Rose-Stockwell en Outrage Machine).

Por todas partes vemos personas con un rectángulo brillante en la mano: parejas que, en lugar de conversar en un bar, responden mensajes de WhatsApp; adolescentes sentados en ronda, pero en silencio, cada uno inmerso en su celular; bebés paseando en cochecitos, hipnotizados por una pantalla. Espacios públicos, hogares, aulas, trenes y calles, todos invadidos por smartphones.

Ya pasaron 18 años desde aquel hito tecnológico. Casi un cuarto de la vida promedio de un argentino. En ese entonces no sabíamos lo que se venía, pero hoy sí: el celular nos está haciendo daño. A todos. Pero especialmente a los más jóvenes.

Infancia y pantallas: una relación dañina

El impacto del uso excesivo de dispositivos digitales (smartphones, tablets, computadoras, videojuegos) en niños y adolescentes es complejo y afecta múltiples áreas:

● Sueño: el uso intensivo de redes sociales y videojuegos reduce las horas de descanso, provoca somnolencia diurna y altera la secreción de melatonina. Esto se traduce en ánimo deprimido, trastornos de conducta, baja autoestima y dificultades en el desarrollo cerebral.

● Alimentación y nutrición: pasar más tiempo frente a pantallas se asocia a dietas menos saludables, mayor consumo de ultraprocesados y, en consecuencia, mayor riesgo de sobrepeso, obesidad y enfermedades cardiovasculares.

● Actividad física: los adolescentes más sedentarios son también quienes más tiempo pasan frente a pantallas. En cambio, limitar su uso favorece la práctica de ejercicio.

● Visión y postura: sequedad ocular, picazón, lagrimeo, visión borrosa, cefaleas y dolores cervicales son síntomas frecuentes. En niños y adolescentes, además, aumenta el riesgo de miopía progresiva y estrabismo agudo (Sociedad Española de Pediatría).

● Social: el uso excesivo favorece el aislamiento y dificulta las interacciones humanas.

¿Qué le hacen las pantallas al cerebro?

El uso intensivo de dispositivos estimula el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina de forma similar a como lo hacen las drogas. A la vez, se reduce la actividad del lóbulo frontal, fundamental para el autocontrol. Las redes sociales están diseñadas para activar este circuito, mostrando contenido personalizado que alimenta el «scrolleo» (desplazamiento constante)

Cada vez es más común ver a niños a quienes se les da un celular para “calmarse”. Este hábito interfiere con el desarrollo de estrategias de autorregulación emocional, algo clave en etapas donde el cerebro aún está madurando.

El multitasking -hacer muchas cosas al mismo tiempo- asociado al uso de pantallas también deja su huella: se asocia a menor rendimiento cognitivo, menor memoria de trabajo, más impulsividad y mayor dificultad para filtrar distracciones. Los adolescentes que pasan muchas horas frente a una pantalla tienen mayor riesgo de presentar dificultades cognitivas serias (Plan Digital Familiar, Sociedad Española de Pediatría).

En múltiples investigaciones se sugiere que la exposición temprana y prolongada a medios electrónicos está asociada con un mayor riesgo de tener síntomas psicofísicos, en especial con problemas relacionados al aislamiento social, alteraciones de la atención e hiperactividad, trastornos de ansiedad y depresión. (Sociedad Argentina de Pediatría)

¿Y las empresas? ¿Qué rol juegan?

Sean Parker, primer presidente de Facebook, fue claro en una entrevista: “Nos aprovechamos de la vulnerabilidad de la psicología humana”. Tristan Harris, exjefe de diseño ético de Google, advirtió en 2013 que junto a compañías como Apple y Facebook estaban desviando peligrosamente la atención de los usuarios. En 2015 renunció y fundó el Center for Humane Technology, organización que busca comprender el impacto negativo de estas tecnologías y construir un futuro más saludable. Paradójicamente, su cuenta de Instagram apenas supera los 3.000 seguidores, mientras que el tiktoker Khaby Lame acumula más de 8,8 millones.

Salud mental en jaque

En Estados Unidos, los índices de ansiedad, depresión y suicidio adolescente aumentaron drásticamente desde 2010. Las enfermedades mentales tienen múltiples causas, pero el psicólogo social Jonathan Haidt expone en el libro La generación ansiosa varios argumentos a favor de que una infancia atravesada por pantallas, en lugar de juego libre, puede haber contribuido a esta crisis global.

¿Qué recomiendan los expertos?

La Sociedad Argentina de Pediatría desaconseja desde el año 2018 el uso de pantallas en menores de 2 años debido a la inmadurez del sistema nervioso central y del aparato psíquico. En 2024, la Sociedad Española de Pediatría eleva este límite a la edad de 6 años, recomendado además las siguientes pautas:

● 7 a 12 años: Menos de 1 hora diaria (incluyendo escuela y deberes). Uso supervisado, con dispositivos fijos. Evitar su uso en dormitorios y baños.

● 13 a 16 años: Máximo 2 horas al día. Se recomienda instalar herramientas de control parental, priorizar teléfonos sin acceso a Internet y postergar la entrega del primer smartphone.

El ejemplo empieza en casa

Diversos estudios muestran una correlación entre el tiempo frente a pantallas de los padres y el de sus hijos Además, cuanto más tiempo pasan los adultos frente a un dispositivo, más berrinches presentan los niños, debido a la falta de atención parental.

La responsabilidad es colectiva. Podemos actuar desde lo individual y familiar pero cuando el problema alcanza dimensiones de salud pública, es imprescindible que los gobiernos tomen cartas en el asunto: regulando a las grandes empresas, promoviendo políticas protectoras en las escuelas y garantizando espacios de juego saludables para la infancia.

No pensemos que es demasiado tarde. Todavía estamos a tiempo para cambiar el rumbo. Como escribió el poeta inglés William Ernest Henley: somos los dueños de nuestro destino.

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