Carta al cielo

Maurito querido :

No existen palabras que alcancen para describir el vacío que dejaste en nuestras vidas.

Fuiste un gran amigo, compañero, padrino de Josefina, un alma noble, incondicional. Siempre dispuesto a dar sin esperar nada a cambio. Un ser humano sin una sola gota de maldad.

Te fuiste repentinamente, haciendo lo que más amabas: volar. Esa pasión que te encendía el alma, que pocos entendían, pero que para nosotros era libertad pura. (Para quienes no lo comprendan, simplemente oídos sordos).

Nunca voy a olvidar esos abrazos llenos de alegría al aterrizar después de nuestros primeros vuelos, ni esas charlas interminables al final del día, cuando tus ojos brillaban con la felicidad de haber estado allá arriba.

Juntos vimos cientos de atardeceres que Dios nos regalaba desde el cielo, y compartimos miles de anécdotas que no entrarían ni en mil libros.

La pasión por volar fue lo que nos unió al principio, pero con el tiempo nació algo mucho más grande: una amistad verdadera, de esas que dejan huella para toda la vida.

No pasaba un solo día sin que me escribieras… voy a extrañar tus mensajes, tus palabras simples, tu voz serena que siempre me hacía bien.

Todavía escucho tu saludo:

«¡Hola Mariooo! ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu día?»

Y se me cierra el pecho, hermano querido… te fuiste demasiado pronto.

Pero sé, con todo mi corazón, que Dios te recibió con los brazos abiertos, porque tu alma era pura y tu corazón estaba lleno de amor.

Ahora volás más alto que nunca, libre en el cielo verdadero, ese que no tiene límites ni final.

Jorgelina me contó que le decías que querías ser un halcón, para ver todo desde más arriba, para sentir esa libertad que pocos conocen… y ahora lo sos.

Sos ese halcón que nos cuida desde el cielo, que nos recuerda lo pequeños que somos ante la grandeza de Dios.

Tu partida deja un silencio inmenso, pero también una paz: la de saber que estás en manos del Señor.

Te voy a llevar siempre conmigo —en cada vuelo, en cada charla, en cada pedacito de cielo azul— y cuando llegue mi hora de partir, deseo que estés ahí, junto a Jesús, esperándome con esa sonrisa tuya de siempre.

Esta foto la tomé el día antes de tu partida…asi voy a recordarte !!!

Hasta siempre, hermano.

Que Dios te tenga en su gloria.

Tu amigo por siempre, Mario.

Firma: Mario Platino

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