José “Pirulin” Páez celebró sus 61 años y, además, se cumplieron 13 años del trasplante de pulmones al que fue sometido en la Fundación Favaloro, una intervención que marcó un punto de inflexión en su vida.
A más de una década de aquella operación, su evolución continúa siendo muy positiva, con un funcionamiento normal de los órganos trasplantados y una vida desarrollada con total normalidad.
En diálogo con este medio, Páez repasa su experiencia, cuenta cómo atravesó el proceso y aprovecha la ocasión para remarcar la importancia de la donación de órganos, un gesto que permite salvar y mejorar la calidad de vida de muchas personas.
Su testimonio es también una forma de concientizar y poner en valor el rol fundamental de los donantes.
«Mi historia comienza con una falta de aire. Fui del médico, me derivó de especialistas, luego me interné en el danatorio y, ya con el diagnóstico de hipertensión pulmonar, me dicen que no tienen más nada para hacer. Asi que me derivaron a la Fundación Favaloro, en Buenos Aires».
José pasó cuatro meses internado en Fundación Favaloro, esperando el trasplante. «Tuve que acompañar el proceso con tratamiento psicológico y psiquiátrico porque no aguantaba más ahí», detalló.
«En los 40 días que estuve, se me pasó de todo por la cabeza. A veces la cabeza es una aliada y muchas otras un enemigo. Pero ya pasó. Ya estoy bien. Me dijeron que haga una vida normal con los cuidados pertinentes».
Finalmente «Pirulin» dejó un mensaje para todas aquellas personas que aún no han decidido ser donantes: «Que no crean en todas las cosas que andan diciendo por ahí. Nadie te mata por ser donante. Hay que informarse bien antes de hablar. Y es muy importante ser donantes de órganos».
