En las alturas de la sala mayor del Teatro Municipal «1° de Mayo» de Santa Fe, se erige una bella araña de 350 kilogramos y alrededor de 60 luminarias. El «ritual» de descenso y limpieza del artefacto se realizó días atrás y se denomina así porque es una ceremonia tradicional en los grandes teatros del mundo con la que se augura una buena temporada.
Esta vez, en la ciudad, el descenso fue un espectáculo abierto al público. No fueron a ver un drama o un concierto. No era música lo que sonaba en la sala sino el resonar de unos 40 mil caireles de cristal.
La lámpara, de 2 metros de altura -desde la base hasta la punta de la lámpara central- y 12 metros de circunferencia, estuvo alrededor de una semana en mantenimiento por parte de la Municipalidad de Santa Fe, tras lo cual volvió a su lugar habitual ya con más brillo y renovada.
En 1973, en el hall principal se coloca la araña que perteneció al Cabildo demolido y la araña original de 1905 se traslada a la Sala Mayor del teatro.
«Ahora se descubrió que el cuerpo original de la araña -que estaba en el hall- quedó escondido en la estructura cuando en el ’73 se le agregaron los costillares con líneas de caireles tallados a mano por la cristalería de San Carlos», contó a El Litoral, el coordinador del Teatro Municipal, Ricardo Alfonso.
«Lamentablemente hay muy poca información sobre el teatro, sobre los procedimientos que se han hecho, los arreglos y las distintas restauraciones. Así que vamos descubriendo de a poco datos nuevos. De esa manera, por fotografías del año ’69, pudimos conocer que el corazón de esa araña es el original que estaba en el hall».
En el ’73 se hicieron reformas importante al teatro. El coordinador recordó que la decisión de colocar el aire acondicionado obligó a cerrar la lucernaria que era una especie de cúpula de claraboya que permitía abrirse y cerrarse y con eso se mantenía aclimatado el lugar. «Fue necesario sellarlo y por eso se decide colocar la araña como parte central», destacó.
Para una buena temporada
Al igual que otros mitos o creencias que rodean a los teatros antiguos, el ritual del descenso y limpieza de la araña tiene un simbolismo especial. «Es el momento que preanuncia el comienzo de la temporada artística y, de acuerdo al brillo que quede en la araña, es el augurio de que va a ser exitosa. Son de esas cuestiones míticas, así como también tenemos el fantasma del teatro», dijo.
Para bajarla, el procedimiento consiste, primero, en desanclar el pesado de la parte superior de la cúpula. A partir de ahí, con un malacate que tiene una manivela se va haciéndola descender de a pocos centímetros y de forma controlada a través de un sistema de poleas.
«Alrededor de 40 minutos tomó el cuidadoso descenso que hacía 4 años que no se hacía. Ahora pretendemos retomar el ritual», destacó el coordinador.
«Fue muy lindo que haya público en el ritual y a la gente le encantó verlo, hicieron preguntas muy interesantes. También está bueno que el público empiece a ver hacia arriba y a los costados del teatro y se dé cuenta del patrimonio artístico que tiene la ciudad de Santa Fe y el país, como la pintura de Nazareno Orlandi y las esculturas», dijo.
«Quizá así se lo cuide un poquito más porque el deterioro a veces es por pequeños descuidos», indicó.
Qué se hizo
Una vez descendida la araña, entre 4 y 5 personas de mantenimiento, junto con los de escenomontaje, se pusieron manos a la obra. Verificaron el estado general de la araña, revisaron el cableado, limpiaron los caireles que se sacaron por gajos, así como las partes estructurales. También reemplazaron las lámparas quemadas y otras con vida útil ya por terminarse.
«Es un trabajo minucioso, artesanal el que hace. Se lavan los cristales y se ponen sobre el escenario para que se sequen de forma natural. No se les pasa ningún paño que les puede quitar el brillo. Se trata de no manipularlos, y se los toma desde las puntas, para colocarlos en orden y sin errores. Es un trabajo metódico y cuidado», remarcó.
Fuente y fotografía: El Litoral